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Historia inmediata, Maracaibo, Petróleo, Venezuela

Petróleo y descenso social en tiempos de revolución

Eliángela Volpicelli @eliangelagv
Maracaibo, febrero 4 de 2016

Tres tipos de tasas de cambios, “bachaqueo” de cualquier producto, pobreza de 55% y la inflación más alta del mundo, los platos fuertes de una economía cada día más difícil de digerir

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Lo dijo Uslar Pietri con “hay que sembrar el petróleo” y lo reforzó Pérez Alfonzo –de manera menos sutil– llamándolo “excremento del diablo”: la aparición del petróleo en Venezuela, suceso que estableció un antes y después en la economía y, al no aprovechar su época de bonanza para crear modelos económicos autónomos, construyó un país completamente dependiente cuyo destino está sujeto al “precio del barril”.
Luis E. Rivero, en Un enfoque sobre la inflación en Venezuela: Orígenes y Soluciones (2000), narra el proceso inflacionario del país: “Lo que los economistas entienden por inflación, tiene solamente dos vías para llevarse a cabo: mediante el incremento de la cantidad de dinero a disposición de la economía y/o a través de aumentos de la velocidad de circulación de ese dinero”.
Al leer a Rivero, por un momento pareciera que el texto tuviera lugar en la actualidad –aún cuando han pasado 15 años desde su publicación–, y sucede que la historia tiende a repetirse, varias veces, antes de corregirse.

Venezolanos financian su quiebra
El problema fue que, desde su aparición, el petróleo pasó a ser el centro de atención de la economía y desplazó el resto de las actividades: dedicarse a algo más, según las élites gobernantes, no tenía sentido. Quienes aplicaron los paquetes económicos nunca se preocuparon por disminuir la utilización de la renta como base de la economía, como herramienta para activarla y tener libertad para considerar otros aspectos, como la inversión. Sumado a esto, la exclusión de la empresa privada no ha permitido que el mercado evolucione vía inversión de capital y apertura de empresas. Tan solo entre 2007 y 2015, hubo más de 200 expropiaciones.
José Piñeiro, vicerrector administrativo de la Universidad Católica Cecilio Acosta (UNICA), considera que “las empresas privadas son las que permiten que se dinamice la economía. Es imposible, bajo cualquier modelo económico, aislar la empresa privada. Se puede evidenciar que los modelos que han estatizado la economía son modelos fracasados. Necesariamente, el Estado se tiene que apoyar en la empresa privada para generar empleos, diversificar, aprovechar capacidad empresarial y estimular la economía”.
¿Es realmente responsable el venezolano de haber escogido la vía fácil? Seguramente sí. Nunca se dijo que la materia de la tentación no desempeñaría un rol en el ámbito político-económico. Pero las fallas empiezan a surgir cuando la tentación se transforma en deseo de poder y de monopolizar el mercado, que lo ahoga y, literalmente, elimina el resto de sus alternativas.

Facilismo: el primer síntoma
“Las raíces de la crisis no están solamente en la baja de los precios petroleros ni el exceso del gasto público. El aspecto principal, quizás, es esencialmente humano”, declaró Ted Córdova-Claure en la edición 65 de la revista Nueva Sociedad, de 1983: “Se ha dicho que la economía petrolera fomenta el facilismo y deteriora la capacidad de trabajo de la población. En Venezuela, eso es cierto. Hay índices de productividad muy bajos y el trabajador en general está acostumbrado a ganar su salario sin esfuerzo”.
“El oro negro” pudo haber sido la octava maravilla del mundo si hubiera llegado a una sociedad psicológicamente preparada para recibirlo. Ese fue el comienzo de la cultura del facilismo: que esta riqueza brotara “mágicamente” de la tierra sin ningún tipo de esfuerzo por obtenerla; no fue más que un golpe de suerte que sirvió de condena. De haber llegado a manos de un país que asumiera el reto económico que representaba la buena administración de las grandes ganancias por venir, Venezuela no tendría la inflación más alta del mundo actualmente.
Alberto Moreno, sociólogo y profesor de la Universidad Católica Cecilio Acosta, considera que este comportamiento tiene una explicación histórica: El libro “La flojera del venezolano“, nos lleva a decir que, gracias al contacto con los españoles –quienes no eran precisamente los más trabajadores, a diferencia de los ingleses que llegaron a Estados Unidos– no hay ninguna cultura de trabajo porque ellos fueron personas que vinieron aquí obligadas. Entonces, nosotros no hemos tenido ejemplos ni herencia de gente trabajadora: ni en la época de la conquista española ni en la de conquista petrolera”.
Moreno también considera que en Venezuela se genera un “paternalismo gubernamental” en el momento en que todo lo que sea necesario debe ser generado u otorgado por el gobierno. “Tenemos unas misiones donde a la gente se le siguen regalando las cosas y el venezolano, como nunca se ha enfrentado a una crisis de supervivencia, cuando llega el momento de hacerlo, lidia con ella a través de un sentido del humor ridículo, con flojera y sin asumir la crisis”.

El desplome
De acuerdo al portal web oficial del Banco Central de Venezuela, en el último informe económico completo publicado, las ganancias del sector externo –calculadas en millones de USD– fueron de 97.340, de las cuales 93.569 fueron por exportaciones petroleras y 3.771 por no petroleras (2012). En otras palabras, el 96,12% de las ganancias dependió del petróleo y el 3,88% del resto.
Todos los errores económicos y márgenes exagerados entre el precio “justo” de un producto y su costo en el mercado paralelo se subsidian, aún con la inflación en 141,5% (anualizada al cierre del tercer trimestre de 2015) y la depreciación de la moneda local en aumento.
Diego Bautista Urbaneja, en La Renta y el Reclamo explica, de manera dinámica, lo que es la renta: “es lo que el Estado le cobra a quienes van a explotar el petróleo, sea cual sea el nombre bajo el cual se le cobre: impuesto, regalías, derechos”.
Entonces, básicamente, se tomó dinero de esta alcancía llamada “renta”, como si se tratara de la gallina que infinitamente produce oro, cuando realmente es “exprimida” para pagar el margen entre el precio oficial y el real, y alimentar la ilusión de que hay un modelo económico sostenible.
En 1976, en El Desastre, Pérez Alfonso dijo: “En vista de la situación real, que era previsible, yo mismo mencioné que habíamos llegado al tope de la montaña de oro y que de aquí en adelante sólo nos correspondería bajar la pendiente. Pero esto de bajar la pendiente no se quiere comprender y se desea seguir manteniendo los gastos como si el petróleo pudiera seguir produciendo ingresos cada vez mayores. Esta vez no los producirá y los ingresos provendrán de endeudamientos públicos”.

Descenso social
Mientras en 2014 el 48% de la población estaba en situación de pobreza, se estima que la cifra aumente a 55% al finalizar el 2015, tomando los datos de la encuesta Análisis de Condiciones de Vida de la Población Venezolana 2014, Encovi, organizada por las universidades Central de Venezuela, Católica Andrés Bello y Simón Bolívar.
El descenso social ha sido un golpe duro para el venezolano. Comparar un sueldo mínimo de 16.399 bolívares (9.649 bolívares de salario y 6.750 bolívares de bono alimenticio con una Canasta Alimentaria Familiar (CAF) en 139 mil 273,68 bolívares (diciembre de 2015), es la manera más gráfica de ilustrar la crisis. Periodistas extranjeros se cuestionan cómo la sociedad venezolana soporta este tipo de acontecimientos. ¿Qué sucede con el venezolano que no reacciona proporcionalmente a la gravedad del problema?
Moreno plantea que “quien lo dijo, no es precisamente la persona más idónea, pero el psiquiatra Edmundo Chirinos consideraba que estamos frente a la generación boba, y esto parece ser real. Además, interesa más lo externo y priorizar actividades que no son de primera necesidad. Entonces es todo un proceso estructural, por cualquier vía que se tome habrá que considerar aspectos culturales, educativos, familiares, pero todos inmersos desde un punto de vista de no haber tenido las gerencias más acordes para el surgimiento del país”.
En la cola del Centro 99 ubicado en la avenida La Limpia, se pueden apreciar conversaciones de este estilo:
–A mi nieto tuvimos que ponerle pañales de tela por una semana porque a mi hija le estaban vendiendo el paquete en mil bolívares.
–Y está barato, señora. Por mi casa lo venden a mil quinientos.
Simultáneamente, toma lugar otra discusión:
–Esa seguro gana más de lo que yo gano en el kínder–, comenta una muchacha joven, después de ver a una señora con cuatro bolsas de productos variados (aceite, mantequilla, arroz, azúcar y pañales).
–Al menos usted trabaja y medio la dejan faltar, yo ando aquí porque me botaron hace tres meses y no consigo nada, cuando toca, toca– le comenta el señor a su lado.
Ninguna historia de las que se escuchan en las colas de los supermercados se parece. Las consecuencias sociales de la crisis tienen nombres, apellidos y cédulas de identidad; es dura la situación diaria de los venezolanos. En tiempos de escasez, formar parte de la clase alta dejó de ser garantía de estabilidad. En el sector industrial, cada vez son más las personas que realizaban oficios como albañiles, obreros, jardineros, personal de limpieza y mantenimiento, entre otros, y dejaron de dedicarse a esto porque comprar alimentos a precio regulado y revenderlos a precio del mercado negro les genera más ganancias que su trabajo. Igualmente, el profesional preparado que no consigue empleo en su área o que gana menos en ella, no se ve excluido.

Globo de helio
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Supóngase que la economía venezolana es un globo y cada factor que atribuye a su decaimiento es un poco de helio. A medida que se llena, hacen que el globo crezca y se eleve pero, de no detenerse, su explosión es inevitable.
El control de cambio de divisas aún se mantiene: el Centro Nacional de Comercio Exterior (Cencoex) cambia 1 $ a Bs. 6,30 para sectores “prioritarios”, para el Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad) 1 $ se cambia por Bs. 12,30 y para el Sistema Marginal de Divisas (SIMADI) a Bs. 199,85, pero aún más angustiante que tener control de cambio con tres tasas diferentes es que, más que devaluado, el bolívar está tan depreciado, nacional e internacionalmente, que a comienzos de febrero de 2016 son necesarios casi Bs. 1003,23 para obtener un dólar en el mercado negro.
“Los controles no son lo ‘satanizable’, sino su abuso por gobiernos con vocación y con práctica totalitaria”, afirma el profesor Monzantg, de la Universidad del Zulia. Esta medida, tomada en 2003, buscaba detener la fuga de divisas al exterior para que no disminuyeran las reservas nacionales; la devaluación acelerada de la moneda nacional y la crisis financiera; y regular las importaciones menos importantes.
Aún así, su ineficacia hace acto de presencia. Monzantg considera que “El problema recae en controles excesivos o mal ejecutados, además de que no existe mercado paralelo sin gobernantes, opositores y empresarios privados de un bando y del otro beneficiándose”.
Al momento de efectuarse un control de cambios, más allá de ser problemático por la extensión del período de duración, “la corrupción administrativa es una de las principales causas de que no funcionen los mecanismos de control lógicos y necesarios en toda sociedad civilizada”. Igualmente, ante una demanda de divisas mayor a la oferta, los demandantes buscan una salida alterna mejor conocida como “mercado negro“, en el que las divisas extranjeras costarán cualquier cantidad que el comprador esté dispuesto o se vea obligado a pagar.
“Lo que sí está vigente sin duda de Pérez Alfonzo es su pre-monición de que compañeros suyos continuarían ‘hundiéndose en el excremento del demonio’ hasta ‘el desastre’ actual, vendiendo lo que queda del alma venezolana al diablo petrolero“, fueron las palabras asertivas del Dr. Francisco Mieres en su discurso a propósito del décimo aniversario de la muerte de Juan Pablo Pérez Alfonzo.

Final del túnel
¿Cómo se conectan la inflación, el contrabando –mejor conocido como “bachaqueo”–, el aumento de la pobreza en el país, la fuga de divisas y otros factores? En palabras de Piñeiro:
“–Todas son desviaciones que se generan en la economía, producto de políticas económicas erradas. Entonces surge este tipo de negocios que generan cierta rentabilidad y será imposible frenarlos porque mutarán para resurgir. Es el caso del control cambiario: donde se han constituido infinidad de empresas de maletín que importan barcos enteros y contenedores de productos, pero ese no es su objetivo principal, sino obtener divisas a dólar preferencial para luego cambiarlas en el mercado ‘negro’, y generar mayores márgenes de ganancias. Esos son los efectos de no generar las políticas adecuadas. Hay que modificar el modelo del control cambiario para que la economía pueda oxigenarse y expandirse porque, en este momento, está contraída y dependiente de las divisas oficiales y condiciones irracionales y ortodoxas que no van a llevar a nada bueno y fomentan las distorsiones.
»El bachaqueo, como el control de cambio, no va a parar de reinventarse mientras sea lucrativo: inició con la gasolina y luego mutó a los alimentos, así como ropa, medicamentos y otros tipos de mercancía que parecía inimaginable, y seguirá así mientras siga siendo rentable”.
En otras palabras: más allá de percibirse como las causas de la crisis económica en Venezuela, no son más que el resultado de una serie de decisiones erradas y paquetes económicos no asertivos.
Dejar de depender del petróleo no es un trabajo sencillo, especialmente porque habría que empezar por explotar el resto del potencial económico de un país en el cual la problemática no es si sus suelos son aptos para el cultivo o si habría una vida ganadera activa, sino la cultura ciudadana.
Depende de su gente el cambio más difícil: el cambio de conducta.
Si no hay transparencia en los procesos políticos y financieros, la corrupción acabará con lo poco que queda de la renta. Es necesario reconocer los errores tomados, tanto de los gobiernos de turno como de los empresarios, a fin de que puedan tomarse decisiones que, a pesar de no impactar a corto plazo, permitan reducir las tensiones y consecuencias de la crisis económica a futuro.

*Pasante @UNICA.edu.ve

Acerca de paisportatil

Editor: Monzantg // Comuníquese con nosotros: revistapaisportatil@gmail.com

Comentarios

Un comentario en “Petróleo y descenso social en tiempos de revolución

  1. “Depende de su gente el cambio más difícil: el cambio de conducta.” Muy bien dicho, señorita Volpicelli. Y muy interesante su artículo.

    Publicado por Josésch (@Lugretsch) | febrero 6, 2016, 10:04 pm

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