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Cine, Cineratura, Reseñas

«La fuerza está con Hollywood»

8 días de enero y cine (parte i)
Monzantg

En lo que va de año pude ver al menos una película por día. Y he visto las del día ‒esas que amenazan con el Oscar‒ y una que desencaja en más de un top ten imaginado.
Precisamente fue con la rara con la que abrí 2016.

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La vida de Dogen (2009) es representativa de una de las dos grandes mitades de las filosofías asiáticas: la de la búsqueda serena de un estilo de vida que te permite vivir el día a día en la plenitud de tu consciencia, algo así como mantenerse con los ojos bien abiertos y ser juicioso sobre cada segundo del día, ser consciente de cada sensación, de cada emoción. Siempre me ha parecido un buen discurso y, además, un buen programa de vida. (La otra mitad ‒y de la que esta película no dice ni tiene que decir nada‒ estaría representada por la cultura del guerrero, la del samurái, si pensáramos en Japón; y ambas sumarían las dos grandes mitades: la serenidad y la espada, tan útiles y necesarias.)
De las muchas enseñanzas que puede uno tomar en préstamo de Dogen ‒el gran maestro japonés del zen‒ me gusta la de no perder tiempo. «Sobre todo, no sean negligentes», dice Dogen a unos discípulos llorosos en torno al maestro ya en sus últimos días de vida. Tiene mucho valor para una de esas personas que, como yo, han dedicado buena parte de la vida a coleccionar tiempos perdidos, y eso, por suma, acumulación o decantación, pesa.
Sería tan útil que todos aprendamos a no perder tiempo, pero me gustaría, sobre todo, que fueran adolescentes quienes más prestaran atención a semejante invitación.
Una película a buena distancia del Hollywood más masivo.
Una película serena para un público sereno, con actuaciones sencillas y creíbles, con la belleza del paisaje y las estaciones, y con la puesta en escena de aquello que nos hace humanos: el bien y el mal.

The-Revenant-00No disfruté Birdman ni Babel ni, mucho menos, Amores perros; tengo un recuerdo difuso de 21 gramos y, aunque no he visto Biutiful, no me gusta el trabajo de AG Iñárritu. Seguramente se deba a esa rusticidad en su manera de contar; a que, cuando veo cine, me gusta ver lo humano narrado con magia. Solo se debe a eso, a un asunto de maneras de hacer de un director y de preferencias de un espectador.
The Revenant (2015), por el contrario, me gustó completamente. La vi dos veces el mismo día, acompañado de personas diferentes y a mis dos acompañantes también les gustó.
A mí, más que gustarme, The Revenant me pareció perfecta.
Paisaje hecho poesía, tiempo bien llevado en escenas pausadas, de esa manera que, me parece, hacen los grandes directores; acercamiento cuidadoso de la cámara a un gesto bien cuidado; diálogos breves con palabras sencillas, densas y definitivas, como cuando Glass le dice a su hijo, «ellos no te escuchan, solo ven el color de tu piel».
Y aunque me encuentro entre quienes rezarían a cualquiera de los dioses imaginados para que el buen DiCaprio tenga su premio y pase la página; quizá no sea la actuación por la que debería obtenerlo. Diría que pudieron, debieron dárselo por el Lobo (2013). Quizá la Academia haga lo que con Russell Crowe y Denzel Washington, entre otros, quienes ‒pienso, creo‒ recibieron la pequeña estatua, por compensación, una o varias actuaciones después de cuando realmente lo habían merecido.
Uno de mis acompañantes me dijo, «Ni Rambo», en alusión a la capacidad de sobrevivencia de Glass. A mí, por el contrario, no me hacen ruido esos excesos, aparentes o reales. Es decir, si me hablan de lo más imposible que alguien hizo para sobrevivir, yo negocio en paz y consumo satisfecho. No es que me lo crea o no me lo crea, me basta que esté dentro de la lógica de la película.
De mi parte, hasta el oso actuó bien. Y, por supuesto, sobre todo un Tom Hardy que viene creciendo como aquellos que un día hacían películas rosa y, de repente, todo o casi todo lo que hacen viene de la mano de un gran director, con guiones impecables, como ha sido el caso de Matthew McConaughey, Bradley Cooper, el mismo Will Smith e incluso Matt Damon.
Está bien. Quizá The Revenant no sea perfecta. Quizá me gustó de tal modo que ninguna de las observaciones me hacen bajarle puntos. Además, es el mejor western que he visto desde Sergio Leone o The Unforgiven (1992).
Quizá sea el fantasma lo que más se me sale del gusto, pero los tormentos de un hombre en diálogo consigo mismo me justifican eso y más. Es cierto que el cierre también me parece un problema. Esa vía fácil de dejarme a mí el trabajo ajeno: de imaginar si un hombre se queda dormido en el hielo, si luego despierta y se salva, si nunca despierta, si de inmediato cae derrotado porque ya no tiene nadie por quién luchar.

star_wars_force_awakensDiría que el western y los dramas e intrigas en medio de la guerra fría están entre algunas de las nostalgias que nos dejaron Hollywood y el siglo xx.
Pero ni James Bond ‒a mi gusto la saga más importante del cine‒ tiene la magia ni es objeto del culto universal que se le tributa a Star Wars.
Para más de un millennial ‒como mis hijos‒ la nueva Star Wars (2015) no podía llevar mejor título que The Force Awakens. Pienso en que la generación que nació en los noventa y a principio del dos mil, tiene la oportunidad de hacer suyo ese misticismo ‒entre fílmico y literario‒ que se debate entre el lado oscuro y la fuerza.
Hijos que esperan, jóvenes haciéndose adultos sin modelos y afectos, rencores y perdones de padre a hijo, parejas que se reencuentran pero, bueno, ya no funciona: en manos de Disney, el tema de fondo no podía ser otro que el de la familia y el reto de hacerse grande, despertar, errar, recomenzar, acertar y avanzar.
Además de los guiños para el seguidor de la primera trilogía, como cuando el Halcón Milenario vuelve a volar y Han Solo aparece y dice ‒con su tono de tan sobrado‒ «Chewi, estamos en casa», o como cuando aparece el sable de Luke Skywalker; lo que más me gustó fue la sustitución y el intercambio de roles y géneros en los personajes, incluso étnicos: una chica es una mezcla del personaje de Luke y Han Solo, una dama hace de Yoda, una guerrera ‒Leia‒ es la comandante; un afroamericano está en el centro del protagonismo; y el joven intrépido e impaciente de ayer ‒Luke mutado en Rey, la joven de hoy‒ promete convertirse en el maestro, en una mezcla de Obi Wan, Qui-Gon Jinn y el mismo Yoda. Y, bueno, un esférico BB8 menos ácido y, creo, más infantilizado que el cilíndrico y poco decoroso R2D2. C3Po, por su parte, envejeció bien, pero la apuesta de todo es al público joven que también envejecerá viendo Star Wars.
Una debilidad: dos Darth Vader no suman el de la nostalgia.
Una promesa: todo volvió a empezar, todo será contado de nuevo.
Una oportunidad y un aprendizaje: la vieja saga intergaláctica promete superar ese universo Marvel de personajes que, por separado y reunidos, llevan cerca de la docena de películas en unos diez años.

La fuerza está con Hollywood.

martian-gallery3-gallery-imageDespués del drama y la intensidad de Gravity (2013) y de la clase de física, astronomía y esperanza de Interstellar (2014), con frescura y  humor The Martian (2015) forma parte de una magnífica seguidilla de Hollywood sobre los viajes espaciales.
En los últimos años ‒junto a un amigo‒ nos hemos dedicado a dejar registro cotidiano de lo que aprendemos en las películas. Frases, ideas, actitudes que anotamos en la libreta y compartimos, del modo que uno subraya el libro y hace puesta en común con quien también hizo sus rayas y anotaciones.
Pero aunque The Martian es interesante e inteligente, me dejó poco para anotar.
Lo que más llamó mi atención fue, justamente, la mirada de Hollywood al tema. Y quizá por ello me interesó tanto la frase del periodista que, en medio de un reality show intergaláctico, parafrasea a Neil Armstrong con el pequeño paso para el hombre, para la Tierra y «para los viajes espaciales».
Interesante apuesta, sobre todo porque, aunque el cine se ha caracterizado por adelantarse al futuro, de a poco ha sido alcanzado. Todavía no andamos en la patineta de Martin ni en el carro del Doc, pero los viajes espaciales privados están al alcance de un grupo y si la Luna tuvo su turno, ya llegará el de otro planeta

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Editor: Monzantg // Comuníquese con nosotros: revistapaisportatil@gmail.com

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