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Literatura

El gran despecho

Gisela Kozak Rovero
Caracas, 2011

País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
Roque Dalton

La joven tallerista blanca, de ojos marrones grandes, nariz perfilada, figura rellena y curvilínea, de cabello largo y rizado indica con voz firme:

—Profesora, no estoy con ninguno de los bandos, yo no estoy del lado del gobierno ni tampoco de la oposición y puedo demostrarlo. Voy a leer mi texto:

Un día salen a marchar y a protestar en contra del monarca rojo de Venezuela, por una razón entendible: no quieren cambios ni para bien ni para mal. Se alegran del fugaz paso por el poder de Carmona el Breve, lloran cuando el monarca rojo vuelve a su trono. Gritan extasiados ante unos militares de juguete que se enfrentan al monarca discurseando cual pendejos en una plaza de Caracas, sin tropa ni ánimo y firmando banderitas de Venezuela; lloran cuando esos mismos militares salen de la plaza sin haber logrado nada. Se aterran ante la inminente llegada de los círculos rojos que le quemarán la casa; casi se quejan cuando se da cuenta de que la preparación de ellos y sus vecinos ante un ataque inminente no tuvo ningún sentido. El monarca engorda y ríe feroz ante enemigos tan temibles y coloca un tornillo más entre sus ancas y la silla presidencial de Miraflores. Ajustados a la realidad, sí, a la realidad, se cansan de protestar, no vuelven a votar en ninguna elección, prohíben que se hable del monarca en su presencia porque se hace más fuerte. Algo pasará, ya verás, ese cae, no hablemos más de él porque le concedemos poder.

—Ajá —dice la profesora, parecida a la estudiante pero con veinte años más y lentes de montura ovalada, coordinadora de un taller de ensayo en alguna escuela de Letras—, no estoy muy segura de que no estés en ningún bando, pero ese no sería el problema. Dime una cosa, ¿eso que escribiste, qué es? No es un ensayo, parece la sinopsis de una inmensa crónica muy politizada que…

—Ay profe, disculpe que la interrumpa, tengo unos panas en el taller de cuentos y el coordinador los tiene locos diciéndoles que son novelistas que quieres escribir cuentos para salir más rápido del paso.

—Lo conozco, es un hombre muy fino que sería incapaz de decir esa impertinencia, lo que él me ha contado es que las sinopsis son de novela y ha tenido que desviar los objetivos del taller para poder ayudar a los chamos. Trato de hacer lo mismo contigo. Quizás podrías desarrollar el trasfondo político de esa imagen de Carmona el Breve versus el Monarca Rojo. Piénsalo y hablamos. Diez minutos de descanso.

Se cumple el descanso.

—Profe, se me ocurrió reescribir el texto de la compañera después de recibirlo por correo electrónico, ¿podría leerlo? –dijo un joven alto, fornido, trigueño y de calva incipiente, conocido por sus posiciones políticas irreductibles.

Ay carajo, piensan la profesora y el resto del grupo pero no dejan traslucir nada.

—Adelante —dice ella con voz amable y neutra mientras la compañera en cuestión se pone en guardia y los ojos le brillan.

El joven carraspea y comienza a leer:

Un día ellos salen a marchar y a protestar por una razón entendible: no quieren cambios. Se alegran del fugaz paso por el poder de Carmona el Breve en abril del 2002; lloran porque el pueblo lo quita del medio. Gritan extasiados ante unos militares de juguete que discursean cual pendejos en una plaza de Caracas en el mismo 2002, sin tropa ni ánimo y firmando banderitas de Venezuela; lloran cuando esos mismos militares salen de la plaza sin haber logrado nada. Organizan un paro petrolero que deja a los pobres sin gas para cocinar y produce pérdidas millonarias al país, mientras viven aterrorizados ante la inminente llegada de los círculos rojos que le quemarán la casa; casi se quejan cuando se da cuenta de que la preparación de ellos y sus vecinos ante un ataque inminente no tuvo ningún sentido. El paro fracasa, se preparan para el revocatorio presidencial del 2004 y como perdieron se cansan de protestar, no vuelven a votar en ninguna elección, y una señoronas blancas pelopintado que desconfían de sus cachifas chavistas prohíben que se hable del monarca en su presencia porque son lectoras de “New age” y creen que se hace más fuerte. Algo pasará, ya verás, le dicen a quienes quieren oírla, ese cae, no hablemos más de él porque le concedemos poder.

—La misma observación que le hice a ella: no es un ensayo. ¿Alguien trae alguno? — pregunta la profesora.

—¿Se vale otra versión del texto de la compañera? —interviene un tercer tallerista.

—No —piensa la profesora—; sí, dice al unísono el resto de la concurrencia.

—¿Profesora?

—Sí, dale, otra sinopsis de una crónica larguísima —dice en tono resignado—; sonríe pues también fue joven.

Un día ellos salen a marchar y a protestar por una razón entendible: el estado, encarnado en el presidente de la república, se quiere convertir en la medida de todas las cosas. Algunos se alegran del fugaz paso por el poder de Carmona el Breve en abril del 2002; muchos se arrepienten y se arrepentirán más con el tiempo porque cuando el monarca rojo vuelve a su trono presidente y se atornilla en él y porque el error de unos pocos se convertirá en el pecado original de muchos. Unos chillan extasiados ante unos militares de juguete que discursean cual pendejos en una plaza de Caracas en el mismo 2002, sin tropa ni ánimo y firmando banderitas de Venezuela, y lloran cuando esos mismos militares salen de la plaza sin haber logrado nada. Otros gritan extasiados ante un militar que vocifera consignas y bravuconadas entre inflación, crímenes y la tropa de ladrones que se enriquece con los dineros del estado. “Con hambre y sin empleo con el monarca me resteo” gritan sus partidarios. Los líderes opositores organizan un paro petrolero que deja a los pobres sin gas para cocinar y produce pérdidas millonarias al país, mientras la gente del este vive aterrorizada ante la inminente llegada de los círculos rojos que le quemarán la casa; casi se quejan cuando se dan cuenta de que la preparación de ellos y sus vecinos ante un ataque inminente no tuvo ningún sentido. El liderazgo gubernamental se niega a negociar. El paro fracasa, los opositores se preparan para el revocatorio presidencial del 2004 y como perdieron se cansan de protestar y no vuelven a votar en ninguna elección, y entonces el gobierno del monarca rojo se apodera de todas las instancias de poder del estado, hasta que en al año 2007 muchos de sus partidarios no votan por la reforma constitucional escrita y propuesta por él mismo por miedo a sus consecuencias económicas y políticas.

La profesora se levanta y agradece la presencia del grupo como siempre:

—Los invito, por favor, a traer sus ensayos para la próxima sesión.

Sabiéndose el centro de miradas extrañadas, descontentas, aliviadas, cómplices o neutrales, sonríe y les señala el pasillo:

—La discusión puede seguir en otra parte. Yo tengo que irme.

Sale disparada, no quiere hablar con nadie, es una mujer con una expatria.

Texto perteneciente a En rojo. Narración coral. Caracas, Alfa: 2011

Gisela Kozak Rovero. Nació en Caracas, Venezuela, en 1963. Egresada en Letras, con posgrado y doctorado en Literatura latinoamericana y en Letras, y profesora en la Universidad Central de Venezuela (UCV), es ensayista y narradora.

Ha publicado: Rebelión en el Caribe Hispánico. Urbes e historias más allá de boom y la postmodernidad (1993); La catástrofe imaginaria (1998); Venezuela, el país que siempre nace (2008); Pecados de la capital y otras historias (2005); Latidos de Caracas (2006).

Premio Bienal de Narrativa Armas Alfonzo con su colección de cuentos Pecados de la capital (1997).
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