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Apocalipsis, Literatura

Hesnor Rivera «parecía una invención literaria»

Hesnor RiveraEntrevista a Celalba Rivera Colomina 
por Valmore Muñoz
Madrid, Julio 2011

Como un hombre extraordinario, qué quieres que te diga. Es cierto que su vida parecía una invención literaria, y que él mismo se empeñó –con mucho éxito- en ‘literaturizar’ su infancia y su juventud, quizás como una forma de exorcismo o redención.

1.- La gente que conoció a Hesnor Rivera suele referirse a él como un personaje cargado de poesía, de hecho, que parecía un personaje de novela, una construcción literaria. Tú que estuviste cerca de él y que lo conociste de las puertas de la poesía hacia dentro ¿Cómo le recuerdas?
Como un hombre extraordinario, qué quieres que te diga. Es cierto que su vida parecía una invención literaria, y que él mismo se empeñó –con mucho éxito- en ‘literaturizar’ su infancia y su juventud, quizás como una forma de exorcismo o redención. Tuve la suerte de crecer entre su realidad y su ficción: a la vez que al personaje, poeta, cosmopolita, periodista, conquistador y alma de la fiesta, disfrutaba del padre, el que nos llevaba a las librerías y a los zoológicos, al estadio de béisbol y a su casa del Poniente; el que nos paseó por la calle Ciencias y por el mundo. A su lado me senté casi todas las noches de mi vida a para ver ‘Bonanza’, ‘Kojak’ o ‘Baretta’, a hablar de las constelaciones y a esperar en silencio a que nacieran los poemas. Eso tuve, un padre enorme y humano.

2.- De las obras que escribió Hesnor Rivera, ¿cuál fue la primera que leíste y qué impacto te ocasionó?

No tengo recuerdos anteriores a ‘No siempre el tiempo siempre’. Cuando apareció en 1975 tenía 8 años y lo leí con enorme placer. Ese primer contacto visual con los sonetos –antes se los había oído recitar, ahora los veía sílaba a sílaba- me reveló la presencia de la música en las palabras. Y el color de las palabras: seguramente había visto por casa ‘La Superficie del Enigma’ y ‘En la Red de los Éxodos’, pero las ilustraciones de portada me parecían aburridas. En cambio este otro, con aquella maravillosa paloma azul y naranja, era una invitación abierta a la poesía. Lo mismo me sucedió con ‘Las Ciudades Nativas’ y su mapa de portada, y aquellos grabados increíbles de Carmelo Niño. Para mí fue como leerme un Verne o un Salgari.

3.- Hesnor Rivera fue un ávido lector al punto de que cerca de él uno podía respirar el alma de la literatura. ¿Qué autores te llegó a recomendar? Seguro que algunos los leíste y otros no. ¿Cuáles leíste y cuáles dejaste para otra ocasión?
Era difícil no verlo con un libro en la mano. Desde niñas nos fue regalando los clásicos de su juventud. Pero lo mejor era tener su gran biblioteca a nuestra completa disposición: libros en buffet libre. Los libros fueron apareciendo en nuestras vidas con naturalidad. De sus sugerencias leí con mucho gusto los grandes narradores latinoamericanos y norteamericanos: recuerdo bien el día en que me prestó a Cortázar o a Bryce Echenique, a Capote, Huxley y Faulkner, y el día en que me regaló ‘Leaves of Grass’ de Whitman. Pero con los europeos tuvo menos suerte. Un día tengo que leer ‘Narciso y Goldmundo’ y saber por qué me sugirió empezar a Hesse por allí y no por ningún otro lado.

4.- Por el contrario, te tocó alguna vez recomendarle alguna lectura. ¿Qué libro fue y por qué se lo recomendaste?
Imposible: compraba las novedades recién salidas de la editorial. En la librería Cultural o en la Europa arrasaba con narrativa, poesía, ensayo… Recuerdo que cada año, cuando entregaban el premio Nobel de Literatura, se compraba todo lo que encontrase del galardonado.

5.- ¿Llegaste a verlo escribir? ¿Tenía algún tipo de ritual para encerrarse en la creación?

Por supuesto. Escribía todos los días. Todos, religiosamente, aunque llegase tarde del periódico, e incluso después de las noches de parranda. Se ponía el pijama, una bata de seda azul –también tenía otra granate, y en los últimos años una a cuadros-, se servía el primer whisky Old Parr, Dimple o Johnny Walker, según las épocas, y se sentaba en el sofá del saloncito familiar a escribir. Escribía a mano, con su pluma, en libretas grandes timbradas con su nombre; pero no pocas veces tuve que trascribir poemas nacidos en servilletas del restaurante chino o ‘Mi Vaquita’, posavasos de bares y facturas. Podía estar en silencio o ir recitando en voz alta; y no era raro verlo escribir con algún combate de boxeo, un partido de béisbol o las carreras hípicas de fondo. Lo cierto es que escribía muchísimo, pero no todo acababa pasado a limpio.

6.- ¿Cuál de sus libros está entre tus favoritos y por qué?
De las obras más tempranas, además de ‘No Siempre…’ y ‘Las Ciudades Nativas’, ‘Persistencia del Desvelo’, porque recoge 30 años exactos de poemas y funciona como una antología muy limpia, una retrospectiva casi pictórica. Quien esté interesado en su obra puede intuir allí cómo ‘pintaba’ los primeros versos, y cómo ya en 1949 era dueño de la musicalidad y de las imágenes que enriquecería de regreso a Maracaibo. De las obras posteriores me cuesta mucho elegir, porque ya su universo poético estaba esplendorosamente maduro: quizás ‘El Visitante Solo’, ‘Elegía a Medias’ y ‘Secreto a Voces’.

7.- Muchos escritores contemporáneos se quejan de la manera cómo el lenguaje se ha empobrecido. Enrique Vila-Matas es uno que lo viene haciendo de manera sostenida. Hesnor Rivera llegó a hablarte sobre el lenguaje y su manejo, te lo pregunto porque, además de poeta, fue profesor de literatura en la Universidad del Zulia y seguro tuvo que leer más de un ensayo escrito por estudiantes. Además, en su experiencia en Panorama, seguro habrá tenido otra forma de ver el empleo de la lengua.
Hesnor no era un usuario sino un amante del lenguaje. Del suyo y del de los demás, de la Lengua con mayúsculas, en la poesía, en la docencia y en el periodismo, pero también en la conversación y en la lectura. Pasamos muchas tardes hablando sobre el préstamo de recursos entre el lenguaje periodístico y el literario, pasó él muchas mañanas de domingo corrigiendo trabajos de alumnos o leyendo textos de concursos en los que era jurado. Esos días amanecía con una pila de poemarios sobre la mesa del comedor y los iba dejando caer en dos montones al suelo. El de los seleccionados apenas crecía. Mi hermana y yo, debajo de la mesa, leíamos a los condenados y le decíamos: “Pero en este hay una buena intención”, solo para oírlo contestar con su leit-motiv: “De buenas intenciones está empredrado el camino al infierno”. “Papá, este autor tiene muy buenos sentimientos”, insistíamos. Y él, recordando a Gide, soltaba aquello de “con buenos sentimientos se hace muy mala poesía. Compra postales, regala flores y dulces y cobres, pero, ¡caray, no escribas poesía!”. Y no hablaba desde la soberbia, sino desde el amor por las palabras en ese momento dolorosamente traicionado. En fin, si algo sé de poesía –que es completamente ajena a las buenas intenciones y a los buenos sentimientos- se lo debo a aquellos días. Y si algo enseña su obra –aunque tampoco sea el propósito de la poesía enseñar nada- es la generosidad con la palabra, el acto de amor que es enriquecer el mundo a través de la imagen, la necesidad de escribir intensa y desbordadamente.

8.- Dentro de la poesía de Hesnor Rivera hay una musicalidad muy particular y muy hermosa. A veces la siento un poco cercana a la narrativa. Sé de tres cuentos publicados por Hesnor, entre ellos, La Gaita con el cual ganó un premio en su juventud. ¿Por qué crees que no siguió abordando este género?
Eran hermosos esos cuentos: ‘La pequeña sonámbula de Los Haticos’, aquel otro protagonizado por Celalba… No sé por qué no siguió escribiendo narrativa; supongo que porque narraba con la poesía. De hecho solo lo recuerdo escribiendo prosa para colaboraciones puntuales, como el libro ‘Maravillosa Venezuela’, por ejemplo. En cambio era muy dado a crear relatos de forma oral. Tenía yo unos 5 años cuando inventó toda una saga sobre un fantasma que vivía en el árbol de mamón centenario del patio. Y algunas noches reunía a los niños del barrio y contaba historias escalofriantes sobre los misteriosos ahogados del río Támesis. Es una lástima que no las haya escrito.

9.- Dentro del mismo tema de la musicalidad poética en la poesía de Hesnor Rivera, cuéntanos un poco sobre sus gustos musicales, ¿qué disfrutaba más?

La música sinfónica, del Barroco al Romanticismo: tenía cientos y cientos de cintas y discos con los mejores directores y orquestas. Así nos levantábamos los sábados y domingos: con Haendel, Bach, Mozart o Beethoven, que eran sus grandes favoritos. También era un devoto admirador del tango y del bolero, que cantaba exquisitamente. Y de la gaita: seguimos durante muchos años los concursos de Gaita del Año haciendo nuestras apuestas personales.

10.- Desde la distancia del tiempo y el espacio, ¿cómo ves el trato que las nuevas generaciones le han dado a tu padre y su obra?
Cuando me fui de Maracaibo en 1994 Hesnor era un poeta respetado, pero como poeta vivo era aún ‘discutido’. Después de su muerte, con la obra cerrada (o aparentemente cerrada, porque hay mucho material inédito en casa de mi madre) supongo que ya no hay nada que decir en torno a la solidez y monumentalidad de su obra (permíteme la inmodestia, porque lo digo como lectora, no como hija). A pesar de la desidia y de la falta de recursos que lastraron siempre la promoción cultural en el Zulia y en Venezuela, agravadas ahora por la generalización de la ignorancia como ‘desideratum’ revolucionario, me parece admirable ver que una generación de creadores y docentes que fueron sus alumnos se ha empeñado en un doble camino: por un lado, seguir difundiendo su obra; por el otro, y esto me gusta más aún, tratar el lenguaje poético y la imagen con los recursos estéticos que él nos puso a disposición una y otra vez en cada poema. Esa es la manera de no olvidarlo.

11.- Hesnor Rivera ha vuelto a la palestra literaria gracias a la más reciente novela de Norberto José Olivar, Cadáver exquisito. Novela que, por cierto, fue finalista en la más reciente edición del Premio Rómulo Gallegos. ¿Has tenido oportunidad de leerla?
La tengo en la mesita de noche, lista para explorar tan pronto termine la mudanza y recolocación de la casa tras mi reciente boda. Tengo muchas ganas de encontrarme con el Hesnor personaje y me alegra el reconocimiento que ha obtenido Norberto.

12.- En País Portátil le hemos querido rendir tributo a Hesnor Rivera y su obra a través de una sección que lleva su nombre y en la cual publicaremos la poesía de importantes poetas latinoamericanos, pero, principalmente, la de los jóvenes que vienen buscando espacios para expresarse. ¿Qué opinión tienes al respecto?
Me emociona y lo celebro, como me emocionó en su día saber que el auditorio de la Facultad de Humanidades también lleva su nombre. A Hesnor le gustaba mucho hablar con los nuevos poetas, y aunque era muy crítico con las obras que leía, vibraba genuinamente cuando encontraba un lenguaje joven, sabroso, prometedor, arriesgado. Tú eso lo sabes bien, Valmore.

Acerca de paisportatil

Editor: Monzantg // Comuníquese con nosotros: revistapaisportatil@gmail.com

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